La misma piedra

Mucho se lleva hablando de Los Cronocrimenes, el poco presupuesto con el que se ha realizado, lo sufrido que ha sido el camino hasta que se ha conseguido proyectar en las salas españolas, o los éxitos anteriores de su director, Nacho Vigalondo. La verdad es que después de haber leído todas estas cosas y por supuesto haber visto la película, para lo cual yo también he tenido que sufrir lo mío hasta lograrlo, tengo que decir que a buen seguro casi todos están equivocados. Ya sea por no haber entendido nada, por no romper las ilusiones que tenían puestas en el director o sencillamente por seguir la corriente de halagos al mismo.

Lo primero que tiene que quedar claro a pesar del tráiler es que no se trata de una película de terror. Pero si de ciencia ficción. A pesar de que la aportación nacional al género es habitualmente pésima esta vez podemos estar orgullosos en este aspecto. Básicamente se trata de una sobria revelación de la habitual paradoja de los viajes en el tiempo. Sin tecnicismos ni explicaciones incomprensibles. La línea del tiempo y de acción queda bien definida para el espectador desde el primer momento evitando que se pierda entre salto y salto.

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Otro punto muy criticado por todos es la calidad de los actores. Indiscriminadamente se dice que la actuación y el personaje de Karra es simple, plano y enano y queda muy superado por el de Vigalondo, como se afirma esta misma situación pero a la inversa. Nada de esto es cierto y sospecho que el problema está en que el espectador no ha entendido nada.

Karra Elejalde interpreta a Héctor, un tipo que termina metido en una máquina del tiempo sin saber cómo y se ve envuelto en su propia historia para poder continuar. Resulta que como no se trata de ningún superhéroe ni protagonista de Hollywood y tampoco tiene ni idea de cómo funciona esto de viajar en el tiempo el tipo hace lo que puede. Podemos verle pasar por tres etapas bien diferenciadas. El ingenuo, asustado e incrédulo que termina la primera vez en la maquina y no tiene ni idea de que está pasando, solo quiere sobrevivir. Al comienzo del primer viaje es un tipo decido a recuperar su vida y a pesar de acabar el día horrorizado consigo mismo logra seguir adelante. El segundo viaje trae a un Héctor totalmente abrumado por el rumbo de los acontecimientos y capaz de eliminar a cualquiera de sus dobles para acabar con la pesadilla en la que se encuentra, a pesar de que logra tomar el control de la situación desde una actitud absolutamente estoica y evita tropezar continuamente con la misma piedra.

El científico que interpreta  Vigalondo aunque en apariencia estúpido, simple y aburrido en realidad actúa por partida doble. Actúa interpretando al personaje y actual engañando sucesivas veces a Héctor para que logre seguir con su vida. Y esto seguramente es lo más desconcertantes para los tan acostumbrados críticos de cine que esperan escenas de lo que el viento se llevo.

Ciertamente la película adolece de una falta de presupuesto abismal pero que en ningún momento resta calidad ni evita que la historia pueda ser contada. Los detalles como la evolución de la cara de Héctor con sus sucesivos accidentes aun sin presupuesto son realmente creíbles en todo momento. Como siempre en toda película en la que se plantea la paradoja del viaje temporal tenemos una pregunta básica que hacernos. ¿Cómo empezó todo? Y esto por supuesto no tiene respuesta en casi ninguna. Razón por la cual existe la trama ya que de otro modo la solución estaría al alcance en los quince primeros minutos. No se trata de una obra maestra en ningún momento pero es una buena película que merece la pena ver.

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