Todo el mundo se habrá enterado ya a estas alturas de que Vicente Ferrer ha fallecido. El cooperante español que llevo a cabo su labor en la India para erradicar la pobreza extrema, primero con la Compañía de Jesús y posteriormente con su propia fundación a pesar de los infinitos problemas que aparecían sobre todo en los primeros tiempos cuando la ayuda por parte de las autoridades era todo lo contrario.

Vicente Ferrer a través de la fundación creo diversos programas para mejorar la sanidad, la educación, de ayuda a las mujeres, a los discapacitados, infraestructuras básicas, para los más absolutamente desfavorecidos de la india. Es sin duda una labor que lo cientos de miles de personas que visitaban estos días pasados su capilla ardiente recordaran como una oportunidad que en justicia les pertenecía, pero no podría haber llegado de otro modo. En realidad por muy extensos que sean los textos al respecto de su labor, nunca lograrían hacer justicia la inmensa cantidad de personas que directa o indirectamente ayudo.
Todo eso es lo que significa en la India Vicente Ferrer. Pero aquí, en España, Vicente Ferrer era un negocio de blanqueo de conciencias. Todos los que con su dinero, y que obviamente facilitaban su labor, tras entregarlo se sentían un poco más humanitarios y buenos. Sabiendo que con su aportación monetaria en un lugar que no conocen y repleto de gente que no les importa, un hombre bueno haría algo útil.
En esta parte del mundo donde elogiamos su tarea de la manera más sádica e hipócrita que pueda ser concebida, nos lamentamos de su muerte y de que no existen más hombres como él. De que no existan más negocios en los que lavar nuestras conciencias. Porque ya ni siquiera los programas de apadrinamiento nos reconfortan con una cara amiga y un aura de absoluta entrega a la labor humanitaria. ¿Dónde encontraremos otro igual? Bien claro tenemos todos que ser cooperante no es una terea ni fácil de asumir ni siquiera atractiva. Significa renunciar a todo lo que nos hace ser nosotros mismos y a todo lo que significa vivir en este lado del mundo. Ser cooperante es algo propio de santos. Pero también somos incapaces de simplemente ejercer el voluntariado mucho más cerca, siempre hay una excusa.

Entre las muchas que he oído multitud de veces siempre aparece la de “no me veo capaz, me desmoronaría y lloraría”. Y uno se pregunta si la gente lloraría al tomar conciencia de la realidad en la que viven personas reales y de las que apartan la mirada para no incomodarse, o por el contrario lloraría ante la reveladora experiencia de darse cuenta que es un ser alienado y sin ninguna humanidad. Pero esa es siempre una pregunta que te guardas para no meter la mano entre las costillas y hacer daño.
Dos gracias tenía Vicente Ferrer y dos milagros obro con ellas que le valdrán la canonización en una impresionante e hipócrita ceremonia en el Vaticano. La primera buscar soluciones a las necesidades de la desesperación en medio de la miseria y el hambre, en un lugar en el que la mayoría de quienes le financiaban ni se atrevían a ir, ni lograban soñar para no cagarse encima. La segunda hacer que muchos conciliaran el sueño en sus cómodas camas después de haber blanqueado su conciencia.
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[...] Leyendo un inspirador post a raíz de las lamentaciones por la muerte de Vicente Ferrer, me es imposible no reseñar un par de cosas respecto a la generosidad en los tiempos que corren. [...]
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Dos cosas me joden:
1.- Que lo pongan como modelo de caridad cristiana cuando la misma iglesia le dio una patada en el culo.
2.- Los sentimientos encontrados que me produce por:
a.- La gente que de alguna manera si ayudó
b.- Lo del blanqueo de conciencias de la que hablas.
c.- El parche que son acciones como estás que no solucionan los problemas de fondo.
Bueno dos contra uno, gana el rojete que hay en mi.
Es triste, pero es así.