Era de rigor ver al consejero de sanidad de la Comunidad Autónoma de Madrid sonriendo en cada una de sus visitas a centros sanitarios para promocionar su nuevo modelo de sanidad pública. Y digo era porque la sonrisa se le está convirtiendo en gesto agrio, el que lleva esta clase de gente a diario cuando no hay cámaras de fotos a la vista.
Ya no son solo los abucheos y pancartas del personal médico que le acosa en cada una de sus apariciones para protestar por la reforma encubierta de la sanidad pública madrileña. Los problemas de Güemes se agravaron el día que mediante sentencia judicial tuvo que lidiar con el marrón de su antecesor, Lamela, en relación al caso de las sedaciones del hospital de Leganés, Severo Ochoa. La cortina de humo que pusieron en práctica para emprender la reforma no daba más de sí.

Llego la gripe A y lo que parecía que iba a ser un problema solo del gobierno central, quien se ocupa de la gestión de estas situaciones, ha recaído de lleno en Madrid, su sanidad y su consejero. La primera fallecida a causa de la enfermedad y más aun a causa de la mala atención sanitaria fue Dalila, en el Gregorio Marañón.
Su hijo que nació por cesaría antes de su fallecimiento ha muerto hace unas horas cuando se le administro la alimentación para prematuros vía endovenosa en vez de por donde correspondía, sonda nasogástrica. El trágico suceso ha sido rápidamente calificado desde la dirección del hospital y desde la Comunidad de Madrid como “error humano”. La realidad parece apuntar en otra dirección. Los sindicatos denuncian la escasa preparación del personal sanitario gracias a la enorme eventualidad de los puestos.
No soy yo de ir pidiendo dimisiones, pero en el caso de Güemes se me hace imprescindible una excepción. La sanidad no es un negocio inmobiliario. Queda bastante claro que ni Aguirre ni Güemes han gestionado con diligencia y sentido común, como cabria esperar de alguien en su posición, los recursos y los dineros de los contribuyentes. Su plan de sanidad es un fiasco que ha costado la vida a un niño que acaba de perder a su madre también por la deplorable situación de la sanidad en la comunidad de Madrid.
Peor aún, ahora hay una enfermera que tendrá que vivir el resto de sus días sabiendo que fue suya la mano que administro la alimentación de manera incorrecta a quien pocas horas después moría. No es ni de lejos la responsable ultima de todo esto. Si bien fue la mano ejecutora solo fue gracias a un enorme despropósito en la gestión desde la CAM y del propio hospital, un cumulo de circunstancias, personas y decisiones que la llevaron a estar en un lugar en que no se daban las condiciones ni reunía las capacidades.
Güemes ya no tiene ningún motivo por el que sonreír orgulloso excepto el triste honor de mantenerse en un cargo en el que evidentemente ha fracasado.
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[...] Aquellos días en que Güemes sonreía — Criando Cuervos – Una reflexión que podría haber escrito yo mismo sobre cómo una mala gestión de la cosa pública a nivel general puede derivar en desastres a nivel local (o cómo Espe mató a Rayan). [...]
[...] esto solo viene a confirmar como siempre la gran calidad de los politicos que pululan por las administraciones. No voy a entrar en si Güemes es un [...]